0
| Thumbs Up/Down |
| Received: 3/0 Given: 0/0 |
Una deuda de sangre
Sueli Carneiro
Feminista brasilera, Directora de GELEDES, Instituto de la Mujer Negra de Sao Paulo.
El poeta negro Aimé Cesaire dijo que “existen dos maneras de perderse: por segregación, acorralado en la particularidad, o por dilución en el universal”.
Creo que ese es un dilema que persiste en el debate sobre el lugar de la diversidad humana en un proyecto de globalización igualitaria. Y este tema tiene algunos antecedentes.
En primer lugar la diversidad, los diferentes son los Otros. Y los Otros son todos los que no son machos, blancos, ricos y heterosexuales. Es decir, son los Otros, más de tres cuartos de la humanidad y -no es una coincidencia- en su mayor parte, son, también, no-blancos.
En segundo lugar es necesario enfrentar el modo en el cual históricamente estos “diferentes” están siendo construidos. Y ellos están siendo construidos, en oposición a una supuesta universalidad blanca y occidental, también supuestamente legítima, para instituirse como paradigma según el cual se miden la identidad o diferencia de los diversos pueblos de la tierra.
Existe todavía otro sesgo en este debate sobre diversidad que da la impresión de ser más adecuado para encubrir algo que para resolverlo. Porque, el discurso sobre diversidad se acepta tanto mejor cuanto más capaz sea de encubrir uno de sus elementos básicos y estructurantes: el racismo y la discriminación racial, en relación a los cuales suele existir una “conspiración de silencio”.
Por otra parte, el concepto de diversidad ecualiza las diferentes formas de discriminación, prejuicios y exclusión presentes en las sociedades multirraciales y pluriculturales, relativizando la magnitud que tiene el racismo en la configuración de las desigualdades y en la exclusión social en dichas sociedades. El concepto de diversidad nivela las temáticas como si ellas fueran de la misma naturaleza, magnitud y consecuencia social. Sin embargo es necesario reconocer que existen determinaciones fundamentales en las contradicciones sociales. Género, raza/etnia, son variables que impactan a la estructura de clase y poder en las sociedades multirraciales.
Con respecto al tema de la raza, en nuestro continente americano, ”la raza fue y es un tema central de la política” como dice Antony Mark, “porque el uso que las elites hicieron y hacen de la diferencia racial fue siempre con el objetivo de probar la superioridad blanca y de este modo mantener sus privilegios, a costa de la esclavitud y la explotación. Dicha actitud fue compartida siempre con los sectores populares blancos interesados en asociarse a las elites. Históricamente, dicho comportamiento fue común a las elites de Brasil, Sudáfrica y Estados Unidos“. Y yo agrego, de América Latina. Y esa estructura se reproduce en todas las partes del mundo donde se encuentra la diáspora africana.
Dice Christian de Brie en un artículo en Le Monde Diplomatique: “Desde el inicio del siglo XVI hasta la actualidad, la civilización occidental construyó su supremacía universal sobre una pirámide de genocidios y crímenes contra la humanidad, de una barbarie sin precedentes en la historia, por su magnitud y duración. Verdad insostenible para los actuales herederos, dispuestos a reconocer la culpa de sus padres siempre y cuando conserven las ganancias de esas conquistas”.
La monstruosidad del tráfico negrero trajo a las Américas unos 11 millones y medio de africanos, en su mayor parte a Brasil. Según Rubens Ricupero, representante de Brasil en la Organización Mundial de Comercio (OMC), “ese tráfico negrero se constituyó en el resorte propulsor del desarrollo de Europa Occidental y América” por ser “inagotable fondo de riqueza y poder para esas naciones, responsable del aumento del nivel de vida de muchos europeos y americanos, al mismo tiempo en que degrada la vida de numerosos negros esclavizados”. Existe, por lo tanto, una deuda de sangre de Occidente con respecto a los pueblos africanos y a los afrodescendientes.
En América Latina y el Caribe los afrodescendientes constituyen actualmente unos 150 millones de personas sometidas a condiciones subhumanas de vida, consecuencia de la herencia colonial y de la persistencia de diversos mecanismos de discriminación racial que, en el contexto de la globalización actual, conducen a la extrema exclusión social.
Un grupo humano caracterizado por múltiples identidades que pasan: por la africanidad derivada de la identidad ancestral, por la interacción de género, de orientación sexual, por la latinidad resultante de la colonización; por la condición tercermundista; por la pertenencia a clases sociales subalternas, oprimidas y explotadas, entre otras determinaciones. Y la fuente de esta violencia, históricamente, se encuentra en la blanquitud eurocéntrica, bélica y salvaje.
África negra, explotada durante siglos, agoniza en el abandono y la indiferencia de los llamados por Chomsky los “dueños del universo”. La epidemia de SIDA diezma poblaciones africanas mientras que, en el mismo momento, en el Foro Económico Mundial, el presidente de la empresa farmacéutica Merck, en la apertura del mismo, dice que: “Es necesario finalizar la discusión sobre el no cumplimiento de patentes y la reducción del precio de medicamentos, en la adopción de programas eficientes para combatir enfermedades como el SIDA”. Para él, el no cumplimiento de patentes no garantiza que los pacientes tengan acceso a los medicamentos. No importan los millones de enfermos que dependan de dichos medicamentos para ampliar su esperanza y calidad de vida. Como se leía en una nota de un diario de ayer, el tema fundamental para ellos es el no cumplimiento de patentes.
Ese conjunto de determinaciones históricas, transformó a las poblaciones africanas y a los afrodescendientes en general, en el contexto de la globalización actual, en poblaciones descartables.
Las políticas de ajuste estructural dispuestas por el actual orden económico, como la reducción de la participación del Estado en las políticas sociales, especialmente en las áreas de salud y educación; la liberación de las formas de mercado, avances tecnológicos y sus impactos sobre la producción y la mano de obra, han extendido la exclusión social de los segmentos de población más vulnerables.
La competencia en el mercado de trabajo agravada por las nuevas necesidades y exigencias de especialización, reciclaje de mano de obra unida a la reducción de los puestos de trabajo, alcanzan especialmente a las poblaciones afrodescendientes en América Latina y el Caribe, además de aumentar la xenofobia en la Región que tiene en el racismo su principal fundamento ideológico.
La conjugación de las prácticas tradicionales de discriminación racial sufridas por las poblaciones negras con estos elementos nuevos, dispuestos por la actual coyuntura económica, exige que se desarrollen acciones preventivas y correctivas que contengan el proceso de exclusión y que, simultáneamente, hagan avanzar la lucha por la igualdad de derechos y oportunidades en nuestras sociedades.
La creación de la Alianza Estratégica Afrolatinoamericana y Caribeña con miras a incidir en el proceso de la Conferencia de Durban, contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y formas conexas de intolerancia, fue el resultado de un largo proceso de búsqueda de articulación de la organizaciones afrolatinoamericana y caribeña iniciada en diciembre de 1994, que incluyó:
1) Un proceso derivado del reconocimiento creciente de la existencia de una problemática racial de ámbito regional.
2) El reconocimiento de que dicha problemática racial en sus manifestaciones contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia contra los afrodescendientes, tiene sus antecedentes en los procesos de tráfico negrero implementados por algunos países europeos contra las poblaciones afrosubsaharianas en los tiempos de la conquista, colonización y surgimiento de las repúblicas en nuestro continente.
3) Que los colonizadores desarrollaron un conjunto de ideas seudocientíficas con el objetivo de fundamentar la supremacía de la población centroamericana en detrimento de las afrosubsaharianas y afrolatinoamericanas, sostenidos en aspectos religiosos, culturales, económicos y biológicos, estableciendo así la base para el desarrollo del racismo y las prácticas discriminatorias, violatorias de los derechos humanos.
4) Evidenciar en el tema racial la persistencia de mecanismos comunes en la Región, de ocultamiento e invisibilización de esas poblaciones afrodescendientes y de las condiciones de vida igualmente adversas a las que están sometidas en función del racismo y la discriminación.
5) Denunciar que persiste en nuestra Región, una ideología común basada en el mito latinoamericano de la democracia racial y en el estímulo al emblanquecimiento cultural y racial de los pueblos no-blancos; cuyo sentido es fraccionar la identidad racial de los afrodescendientes e impedir que dicha identidad se constituya en instrumento de organización política de esas poblaciones en la defensa de sus intereses.
6) Hacer visible la ausencia de voluntad política en nuestras sociedades para enfrentar la exclusión social, determinada por el racismo y la discriminación.
La problemática racial en nuestra Región se basa también en el racismo estructural y sistemático encubierto por las prácticas de los organismos estatales, en las políticas públicas, en las inversiones para el desarrollo implementadas por los Estados latinoamericanos y caribeños, a partir de la invisibilización y negación de las consecuencias del racismo y la discriminación, practicados contra los afrolatinoamericanos y caribeños, profundizando la desigualdad y las violaciones de los derechos fundamentales, económicos, sociales y culturales.
La cuestión racial en nuestra Región se asienta además en la violación de los derechos fundamentales, la práctica de la tortura contra los acusados y detenidos pertenecientes a la población afrolatinoamericana y caribeña y la negativa, por parte de los poderes judiciales y otros operadores del derecho, a aplicar las normas de derechos humanos relativas a la lucha contra el racismo. Un correlato de estas prácticas es la difusión generalizada a través de los medios de comunicación de masas, de estereotipos, imágenes peyorativas de la estética, valores culturales y religiosos del pueblo afrolatinoamericano y caribeño, así como una ausencia de propuestas curriculares en la formación de los docentes, con respecto al aporte de este pueblo en la construcción de nuestros respectivos países, contribuyendo así, al aumento del racismo y la discriminación.
Y, finalmente, la práctica del racismo ambiental se constituye en una forma de racismo contemporáneo que amenaza de un modo trágico y cobarde a los pueblos afrolatinoamericanos y caribeños, poniendo en riesgo sus vidas debido a la contaminación por residuos tóxicos que destruyen el ecosistema.
El crecimiento de la conciencia con respecto a los factores de exclusión y la dimensión global de estas prácticas, promueve la necesidad de fortalecer las relaciones entre los países del Sur y, sobre todo de la Región, sujetos igualmente a las consecuencias de la globalización neoliberal que implican, en los países en desarrollo, el agravamiento de las condiciones de vida de las poblaciones históricamente discriminadas.
Y, más que nada, la construcción de la Alianza Afrolatinoamericana y Caribeña, representa un cambio de perspectiva política: en la medida en que la creación del MERCOSUR y la regionalización creciente de los mercados constituyó las condiciones históricas de crecimiento también desde una perspectiva internacionalista, regional para los pueblos excluidos de los países de la Región. En este sentido, la lucha contra la discriminación y la intolerancia depende, para nosotros, en primer lugar:
del compromiso activo de los pueblos y organizaciones de la sociedad civil para eliminar las prácticas racistas, xenofóbicas y discriminatorias, comprometién-dose a dar visibilidad a dichas situaciones y apoyar la implemen-tación de estrategias de promoción de igualdad efectiva para los afrodescendientes.
“La negación, ocultamiento o subestimación del racismo y la discriminación racial, tanto a nivel del Estado como de la sociedad, contribuye, directa e indirectamente, a perpetuar las prácticas de racismo, discriminación, xenofobia y formas conexas de intolerancia”. El documento elaborado por la Conferencia de las Américas, de 224 párrafos, consiste en un amplio diagnóstico sobre las prácticas discriminatorias que persisten en la Región, las raíces históricas de las mismas, sus múltiples manifestaciones actuales y los grupos humanos abarcados por dichas prácticas.
Y, principalmente, el documento final de las Américas al reconocer al colonialismo como origen de la opresión y exclusión de los afrodescendientes, presenta innumerables recomendaciones para que los Estados de la Región superen las secuelas producidas por el pasado de violencia y también para luchar contra las prácticas discriminatorias que se mantienen en el presente, promoviendo, por lo tanto, la integración efectiva de los grupos históricamente discriminados.
De ello se deduce, como ya se explicitó en los documentos de la Conferencia de las Américas celebrada en Santiago de Chile en 2000, y se reiteró en la Conferencia Mundial de Durban, la “necesidad de promover estrategias, programas y políticas que puedan incluir medidas de acción afirmativa, para favorecer la aplicación de derechos civiles y políticos a las víctimas del racismo, discriminación racial, xenofobias y formas conexas de intolerancia, incluyendo un acceso más efectivo a las funciones públicas, judiciales y administrativas de las instituciones, así como aumentar el acceso a la administración de la justicia en todas en sus formas, libre de toda discriminación”.
E imponen, por último, la cuestión de las reparaciones al Continente Africano y a los pueblos afrodescendientes por los siglos de esclavitud. Ello constituye un imperativo ético y moral que surge del hecho de reconocer que los pueblos y naciones fueron sometidos a procesos de esclavitud, genocidio y expoliación y, como ya se dijo, ello constituye una deuda de sangre. Y su reconocimiento, a nuestro entender, comenzaría por cancelar la deuda de los países africanos e invertir en cooperación técnica en programas para atender carencias en el acceso a la salud, justicia, información y comunicación y en el desarrollo técnico y comunitario, con especial énfasis en los jóvenes y mujeres afrodescendientes.
Hannah Arendt dice en su libro “La Dignidad de la Política” que: “la esencia de toda acción, especialmente de la acción política, es hacer un nuevo comienzo ... aprender a lidiar con lo que ya pasó irremediablemente y a reconciliarse con lo que existe inevitablemente”.
Dicha reconciliación depende de aceptar que la distribución de riqueza, en la perspectiva de una globalización igualitaria, tiene que alcanzar su dimensión socializada de exclusión racial. Dicha distribución desigual de poder y riqueza está marcada también por la interseccionalidad de género, que en el contexto de la globalización, agudiza el proceso de feminización de la pobreza.
Es que los pobres y miserables de la tierra son más que estómagos vacíos a la espera de una canasta básica proveniente de la solidaridad. Quieren participar activamente en las decisiones que involucran sus vidas y destinos.
Izquierda y derecha o globalización y antiglobalización no pueden constituirse tan solo en cara o cruz, anverso y reverso de la misma cultura occidental.
Es necesario que la lucha por una globalización igualitaria rompa con el paradigma de construir la historia bajo el liderazgo exclusivo de los pueblos blancos, como un atributo natural de los mismos.
Es necesario que la lucha por una globalización igualitaria rompa con el mantenimiento de los pueblos dominados en condición subalterna, destinados tan solo a adornar la nueva utopía con sus “originalidades” culturales.
Con esto quiero afirmar que considero la valorización de la diversidad racial, étnica y cultural, como un presupuesto indispensable para enfrentar la superación del racismo y las desigualdades que él produce. Por lo tanto, para nosotros, negros, este debate es legítimo y estratégico. Y por ello es que estamos presentes donde quiera que se produzca. Pero, como cuestión de método, yo diría que cuanto más se aleje este debate del enfrentamiento del racismo, nos va a dar a nosotros la medida de cuánta vigencia tiene una nueva reedición de los viejos mitos de democracias raciales latinoamericanas. Es fundamental para nosotros que el carácter central del racismo en este debate no se opaque de tal modo que se escape y afirmamos:
En primer lugar, que el racismo y la discriminación racial son factores determinantes de las asimetrías sociales existentes en sociedades multirraciales, en la medida en que el estudio de cualquier indicador social demuestra la existencia de un foso entre blancos y no blancos.
En segundo lugar, que los desafíos planteados para la realización de la plena ciudadanía y erradicación de las violaciones a los derechos humanos en nuestras sociedades, están íntimamente asociados a la tradición cultural racista y autoritaria que instituyó que los negros y sus descendientes no gozan de plena humanidad, por lo que no se los considera como plenos poseedores de derechos humanos y, por consiguiente, de ciudadanía.
Esta visión arraigada ha vuelto natural y esencial la inferioridad social de los negros, transformándolos en una especie de paradigma de subalternidad social.
Mary Robinson afirmó en su saludo a los afrouruguayos que Durban asumía aún mayor importancia a partir de los sucesos del 11 de setiembre, que impusieron una nueva lectura de la cuestión de los derechos humanos en el mundo. Y precisamente de los escombros del World Trade Center será de donde la Alta Comisionada extraerá los nuevos contenidos amplificados por el terror, para la realización de los derechos humanos en ese nuevo milenio: la seguridad de los seres humanos y la lucha contra la discriminación como requisitos previos para conseguir la paz. Dijo en Montevideo: “Creo que los sucesos del 11 de setiembre nos llevan a reflexionar sobre lo que deberíamos haber estado haciendo antes. Atender a la pobreza a todos los niveles que se viva en nuestras sociedades, atacar el problema de la discriminación definiendo para el mismo una agenda, darle alta prioridad política a la solución del problema en Medio Oriente”.
Preguntada sobre cómo debería combatirse el terrorismo, Mary Robinson fue categórica: “Hay dos modos: en primer lugar el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó resoluciones en las que prevé medidas para buscar el dinero ilícito y estimular la cooperación judicial entre los países. El segundo camino es aplicar la agenda antidiscriminación que se adoptó en la Conferencia contra el Racismo en Sudáfrica. Esta agenda es necesaria porque creo que, al aplicar medidas contra el terrorismo, puede ser que haya gobiernos que restrinjan los derechos de expresión, supriman las actividades de los opositores, las voces de las minorías y limiten el derecho de los exiliados al asilo“.
El terror, por lo tanto, tiene el poder de detener el avance de la democracia y los derechos de igualdad y libertad, permitiendo que, a su amparo o teniéndolo como coartada, prácticas genocidas, autoritarias y excluyentes, presentes hoy en el mundo, sigan prosperando. Creemos que la profundización de la democracia participativa constituye una premisa fundamental para luchar contra el racismo, la discriminación racial y la xenofobia, basada en un sistema jurídico orientado a garantizar el ejercicio y el goce de los derechos humanos, económicos, culturales y sociales. Como ya lo dijo Naomi Klein, “los movimientos antiglobalización deben rechazar la centralización del poder, necesitan elaborar una nueva concepción de poder”. Y agrego, es necesario elaborar una nueva concepción de poder en la que tengamos cabida todos los “diferentes”. Milton Santos dijo en su libro “Por otra globalización” que por primera vez en la historia nos encontramos en condiciones de construir un universal empírico.
Considero que la construcción de dicho universal empírico requiere la superación del universal abstracto de la tradición occidental, que homogeneizó un hombre abstracto como estándar deseable para todos los seres humanos. Dicho paradigma no se mueve. Y su contrapunto es la necesidad de afirmación permanente de la identidad que él niega. Por lo tanto, la renuncia a la afirmación de las particularidades étnicas y culturales en pro de una construcción de dicho universal se dará solamente en la medida en que dichas particularidades estén plenamente contempladas en los discursos y las prácticas políticas. En que variables fundamentales de la exclusión como género, raza y clase sean estructurales y equivalentes en los estudios y formulación de las políticas igualitarias.
La utopía que perseguimos hoy, se encuentra en la búsqueda de un camino entre una negritud estigmatizada y disminuyente de nuestra condición humana y la universalidad occidental hegemónica que anula la diversidad. Pero para ello, el blanco occidental hegemónico debe renunciar intencionalmente a los privilegios establecidos por la blancura en pro de la realización de la plena humanidad de todos. Ese es uno de los requisitos previos fundamentales para una globalización igualitaria.
Finalmente, es necesario mencionar un último aspecto de la cuestión. El racismo, la discriminación y la exclusión que ellos produjeron, transformaron a sus víctimas en una carga para las sociedades, un obstáculo para el desarrollo de esos países y un impasse para la consolidación de la democracia. Desde ese punto de vista, todas las reivindicaciones por equidad en relación a las oportunidades sociales y la realización plena de nuestra condición humana que el racismo y la discriminación niegan, tienen también el sentido de conquistar el derecho a ofrecer, donar y ejercer plenamente nuestra generosidad.
Porque nuestra condición de víctimas o de acreedores sociales no está inscrita en nuestra naturaleza sino que fue construida históricamente. Por ello queremos recuperar el derecho a ofrecer nuestra inteligencia, nuestro vigor físico, nuestra herencia cultural, nuestros valores espirituales, nuestra creatividad y nuestra extraordinaria capacidad de resistencia para el enriquecimiento del patrimonio cultural y el desarrollo de toda la humanidad.
Elisa Marvena Nyarai
SANKOFA Asociación Cultural
www.myspace.com/sankofacultura
http://sankofacultura.blogspot.com
There are currently 1 users browsing this thread. (0 members and 1 guests)
Bookmarks